-XIV- Como la tierna madre que el doliente hijo le está con lágrimas pidiendo alguna cosa, de la cual comiendo, sabe que ha de doblarse el mal que siente, y aquel piadoso amor no le consiente que considere el daño que haciendo lo que le pide hace, va corriendo, y dobla el mal y aplaca el accidente, así a mi enfermo y loco pensamiento, que en su daño os me pide, yo querría quitalle este mortal mantenimiento. Mas pídemelo, y llora cada día tanto, que cuanto quiere le consiento, olvidando su muerte y aun la mía.